jueves, 4 de julio de 2013

Los primeros años de la Gran Logia de los Modernos en una novela. El primer capítulo en castellano: el ganso y la parrilla.(I)

Proxima entrada de La Imprenta de Benjamín, el domingo 14 de julio.
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Un Libro publicado ya hace algunos años, 2007, presenta en forma novelada los acontecimientos que dieron origen y modelaron a la francmasonería de 1717, la de los Modernos. 

Sus autores son:
Alain Bauer ex Gran Maestre del Gran Oriente de Francia, criminólogo de profesión y Roger Dachez, investigador e historiador de la masonería, médico de profesión y Presidente del Institut Maçonnique de France.
El Libro se titula “Los Misterios de Channel Row”.

(Nota del T: Channel Row, en Westminster, Londres era la zona en la que estaba la taberna The rummer and grapes ( la copa y el racimo) y la logia del mismo nombre, una de las cuatro fundacionales.)
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Transcribimos a modo de introducción, una breve reseña publicada en el Bloc-Notes de Jean Laurent Turbet del 24 de julio de 2007:

“ -El libro fue publicado por ediciones JC Lattés, en la serie “crímenes y logias”, una pura maravilla de erudición en una novela de corte policial.
Los dos autores, Alain Bauer y Roger Dachez nos tienen habituados a obras históricas “ clásicas”, pero en esta se siente el placer de ver vivir a sus personajes, porque en este libro todo es cierto, la historia y sus protagonistas, y rellenan esos “ huecos” de la historia a su modo de investigadores.
El personaje principal es Desaguliers, discípulo de Newton , “ creador” e “ inventor” de la francmasonería moderna. También nos encontramos con el propio Isaac Newton, quien a pesar de no ser masón inspiró a esa sociedad naciente.
Nos reencontramos con Anthony Sayer, el primer Gran Maestre de la Gran Logia de Londres, al segundo, George Payne y a personajes odiosos cmo Samuel Prichar autor de la primera Divulgación.
Es especialmente interesante leer la descripción tan viva de la génesis de la francmasonería, y como algunas logias casi en bancarrota se reunieron para formar una caja común ( ayuda y caridad para los hermanos en necesidad), una tarde de junio de 1717.
Pero igualmente lo es el leer como esa reunión de logias ( la primera en su tipo) que llamaron Gran Logia, va a ser utilizada por Desaguliers y los newtonianos como centro de unión de personas esclarecidas que quisieran trabajar en el mejoramiento moral  de sus conciudadanos y de la sociedad toda.
Se aprecia también como la francmasonería escocesa, que había tomado la costumbre de iniciar a grandes señores- generosos donantes- influyó en la naciente masonería inglesa.
Se ve que no todo fue acuerdo y unanimidad pues que debieron enfrentar resistencia por parte de las logias más antiguas que eran autónomas, y no entendieron la reforma newtoniana impuesta por Desaguliers, y de las logias estuardistas y católicas que no deseaban el control protestante representado por el reverendo Desaguliers y el pastor Anderson.
Es más que interesante en este libro, rememorar con los autores el contexto político y religioso de esos inicios del siglo XVIII y aquellos benditos tiempos donde los hermanos en logia esperaban con impaciencia la apertura de los trabajos….. para encender sus pipas y apurar una pinta de cerveza!!
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El primer Capítulo se titula: El Ganso y la Parrilla, y en una traducción muy libre de esta Imprenta de Benjamín, puede leerse esto:

“- Londres, junio de 1717
-En los comienzos del verano de 1717, Londres soportaba un clima no habitual,  muy caluroso, y los ribereños del Támesis en esos parajes de aguas de dudosa calidad, se iban abandonando a una suerte de sopor.
Pero ese día de San Juan Bautista, 24 de junio, el tiempo había súbitamente refrescado y como en respuesta, una especie de agitación había invadido a Saint-Paul Churchyard, el tradicional barrio de los libreros, situado a la sombra de la catedral completada siete años antes por Christopher Wren, el inmortal arquitecto.
Algunos pequeños grupos de espectadores se estaban formando a la entrada de una calle trasera para después dirigirse a un albergue situado a pocos pasos, bajo la muestra de un ganso y una parrilla. Y en efecto,  un poco por encima de la entrada y justo sobre una ventana del primer piso, un magnífico ganso en madera flanqueado por una parrilla parecía prometer un triste fin, pero gastronómicamente prometedor…

Hay que decir la verdad; la taberna no tenía buena fama, era básicamente una hostería donde la bebida principal era la cerveza, pero más bien se la conocía por las bromas a que daba lugar su enseña.
Años antes había servido como sitio de reunión de una sociedad musical y por esa razón estuvo adornada con un elegante cisne y un arpa, pero cuando los artistas abandonaron el  lugar, el nombre de la taberna fue adaptado a las nuevas prácticas mucho menos refinadas: el arpa se convirtió en parrilla y el cisne en ganso!
Por otra parte, los clientes actuales, con toda seguridad que no pertenecían a la mejor sociedad, personas simples, con cierto aspecto rústico, las gruesas risotadas que proferían y los amistosos golpes entre compañeros, todo traicionaba un origen popular: todas eran personas de apariencia pacífica que seguramente no deseaban otra cosa que compartir una buena cena.

Anthony Sayer había llegado entre los primeros. Apenas franqueó el umbral de la puerta, el patrón le dirigió, como a todos los que iban llegando, una mirada furtiva, ansioso de comprobar que los veinte o treinta huéspedes anunciados, estaban todos presentes.
Conocía a muchos de ellos que se daban cita en ese lugar regularmente algunas tardes.
Se reunían en el primer piso para arreglar los asuntos de su cofradía y acabar con  una cena copiosamente regada. Una clientela fiel, de cualquier modo, y algo peculiar.

Esa tarde, la afluencia era excepcional y debía atender, como se dijo, a tres o cuatro veces más personas que lo habitual. Por un momento pensó con inquietud en el viejo suelo de madera de la modesta sala del primer piso y echó una ojeada a los fatigados postes que la sostenían. Abandonando algunas negras ideas, se dirigió a la cocina para apurar a los criados y activar los preparativos de la cena.

 Al ir acabando de subir los últimos escalones que le llevaban al piso, Sayer parecía preocupado, como lo estaba por otra parte desde hacía mucho tiempo. A los cincuenta años, con un aire prematuramente envejecido, algo encorvado, sus espaldas recubiertas con  una amplia capa gris, parecía que llevaran un fardo demasiado pesado.
Al entrar a la sala, fue brutalmente sacado de su ensueño:
-Bienvenido, hermano Anthony!.
En la penumbra, Sayer tardó algunos segundos en localizar a su interlocutor, apoyado sobre un muro a contraluz.
Cuando su vista se aclaró un poco, sonrió:
-Mi Dios, Jacob, qué placer verte aquí! ¿ Cuándo fue la última vez que hablamos?, tengo la impresión de fue hace muchísimo tiempo…
-Nada que no puedas pensar, Anthony, fue hace un poco más de un año. Hay que decir que estuve en falta al no visitarte, pero esste año no ha sido el mejor de mi vida….
-¿Algún problema en la familia? Mary, como está? Pregunta Anthony Sayer en respuesta. John Lamball esboza una sonrisa un poco triste.
-No, no te preocupes, nada grave. Todo va bien para Mary como para los niños.  Pero hemos perdido uno en el invierno pasado, tenía apenas seis meses y ya habíamos comenzado a habituarnos a él. Por desgracia la progenitura que nos concede el Señor, es  a veces una promesa sin mañana. Pero, después de todo, en diez años de matrimonio, sobre seis  niños, nos quedan tres y el mayor ya comienza a ser un joven bien formado y  pienso que podrá ayudarme a llevar los maderos de carpintería a las obras.
-Yo lamento tanto que Elizabeth- el Señor guarde su alma!- no me haya podido dar un varón, dijo Sayer haciendo un gesto vago como para alejar una sombra delante de sus ojos. Así que volvía a encontrar a su viejo amigo. Jacob era un hábil artesano, honesto y leal y siempre había apreciado su franca amistad.
Tenía un aspecto que no pasaba desapercibido con su elevada talla y brazos , musculosos por tantos años de dura labor. Sayer observó las manos de Lamball extrañamente finas para un carpintero, que mantenía cruzadas ante sí.
-Entonces, Jacob, ¿ de qué se trata esto?
La falta de trabajo, Anthony. Tu sabes que cincuenta años atrás, después del gran incendio, se reconstruyó todo, pero en piedra. La ciudad, hoy en día está como nueva!, pero las grandes obras de carpintería ya no son frecuentes y además hay abundancia de obreros llegados de todas las provincias provocando la competencia. Justamente este invierno, cuando nuestro pequeño Jonathan había fallecido por unas fiebres fatales, apenas teníamos fuego en la casa y poco que poner en la olla.
-¿Los hermanos de la logia te han asistido?
-Naturalmente, como siempre según nuestra regla, y hemos podido subsistir con Mary y los niños, gracias a algunos préstamos de la Caja común. Pero no soy el único en esas condiciones y hay en nuestra logia casos mucho mas graves. ¿Te acuerdas de Richard Needham, ese artesano techador con quien tú discutías mucho el año anterior en la taberna del Manzano donde se reúne la logia?
-En efecto, dijo Sayer sonriendo, me acuerdo bien, un buen compañero, de verdad!
-Richard falleció en la primavera última al caerse de un techo, y dejó una viuda y dos pequeños niños, que hemos procurado mantener a nuestro cargo para apartarlos de la miseria mas indigna. Y sin embargo, Richard era un hombre irreprochable, buen marido y buen padre que jamás hizo daño a nadie: ¿Porqué el Señor  permite tales injusticias, Anthony?
-¿Es que te has vuelto papista? Olvidas que Dios no se fija en las obras sino solo en la fe?
Jacob Lamball permaneció silencioso por uso instantes. A veces se había preguntado quiénes de entre los papistas, anglicanos, presbiterianos o independientes, eran los más misericordiosos y esclarecidos entre los cristianos. Desde hacía un siglo y medio, Inglaterra era un país donde los hombres se mataban sin tregua en nombre del amor proclamado de Cristo. ¿ Acabaría algún día?
-Lo sé, lo sé, replicó dulcemente, pero ese nueva carga estaba por encima de las posibilidades de la logia. Los hermanos aportan lo que pueden, pero las  necesidades son grandes y nuestros recursos limitados.
- Y es justamente por eso que hoy estamos aquí, Jacob. Para unir nuestras fuerzas y nuestros medios.. El año pasado no pudimos hacer nada, la situación del país era incierta, pero la Rebelión ahora está extinguida y después que desertaron los partidarios de Estuardo hubo una fuerte apuesta porque no se repetiría por largo tiempo. Jamás la nueva dinastía será puesta en duda, es así, Jacob! Esta puede ser una era de paz duradera para el reino. Hay que saber aprovechar esta oportunidad para organizarnos de otro modo si no queremos ver morir a nuestra vieja confraternidad.
- Qué no hicimos el año pasado!, dijo Lamball con humor, Cuando nos reunimos el año anterior en la taberna del Manzano, no decidimos más que una cosa: que nos encontraríamos un año mas tarde.  Una gran cosa!
Anthony Sayer no tuvo tiempo de responderle, pues un grupo importante de hermanos hacía crujir los peldaños de la escalera, y enseguida se contaban más de quince en la sala.
El gran momento se aproximaba: tendrían logia……………………
 .................continúa..............

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