jueves, 11 de noviembre de 2010

CON LOS OJOS VENDADOS


Reproducido con autorización de Propos maconniques(Over-Blog.com)
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Título original: Le bandeau 
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La venda en los ojos no es ni máscara ni antifaz,¿cuál es su sentido?

El itinerario de la admisión a la Francmasonería está jalonado de pruebas simbólicas. La primera de tales pruebas es el “pasaje bajo la venda”. ¿Cuál es el sentido de la venda y qué significa esta ceguera temporaria e impuesta al candidato por tal  “pasaje bajo la venda” para la “ceremonia de su recepción”? Antes de ser presentado a una logia, el postulante es entrevistado por tres hermanos, que tienen con él una cita, independientemente de los otros que ignoran los nombres de los demás encuestadores. Cada uno produce y envía un informe al Venerable quien le dará lectura para que la logia escuche acerca del candidato. El candidato masón sabe bien que ese “pasaje” es necesario. Lo ha visto en todas las portadas de las revistas como símbolo del secreto masónico. Y ha leído que desde la antiguedad, tal “accesorio” es unánimemente utilizado para simbolizar el pasaje de un mundo a otro.
La venda no es una máscara, ni un antifaz. Lleva el símbolo de aquel que momentáneamente ha  perdido todo salvo la cabeza, sea un condenado o un postulante a los misterios de la francmasonería.
Nos guste o no, incluso aunque se desdramatice con la presencia amistosa  de quien lo apadrina y le conduce, la venda reflota en el Candidato (cándido, candidato) temores viscerales y especialmente  escenas de una ejecución.
Además está el fuego alimentador de las preguntas, que son todos disparos dirigidos hacia el Candidato.
Los temores relacionados con la venda aparecen primero al abandonarse a un grupo de desconocidos y a los fantasmas de magia y degradación incontrolable, pasible de ser tomado como objeto de burla, ridiculizado, reducido y aún  consumido, pues semejantes temores ocultan un fondo  “caníbal”.
Para la logia, la discreción es la primera función de la venda.  Permite que el candidato, siempre libre de retirarse, no pueda ver el rostro de los miembros del taller. Pero como, muy a menudo, ese candidato ha podido asistir a las conferencias públicas, tenidas blancas abiertas o participar en las reuniones festivas de la logia, es que tal función de la venda no es la primordial.

 
 
La venda no permite ver el rostro completo del candidato y enmascara el espejo de su mirada (traición de sí mismo y de nosotros mismos) al evitar ser influenciado por un sentimentalismo ocular. En fin, que a pesar de los prejuicios  de cortesía, la venda restituye al grupo un poder, una seguridad, una satisfacción, de haber pasado, a su tiempo, la situación en la cual se halla el candidato y que todos han conocido.
 
Para el candidato, la venda le obliga a bucear en sí mismo en visualizarse, en una “psyché” consciente, su propia figura. En ese sentido, la venda aclara el alma como una luz. La venda le permite igualmente al candidato no ser visto  enteramente por el grupo. La cubierta sobre su vista, será su protección, su última intimidad. Pero la justificación suprema de la venda reside en su retiro y deslumbramiento final por la luz.
 
La venda exige la humildad del candidato, su puesta a disposición, su gratitud, su credulidad. El recuerda a Thémis, la justicia, representada con los ojos vendados. El candidato no podrá remitirse más que a sí mismo  para elaborar su decisión. Tiene los otros sentidos sin velar, notablemente el oído (voz de los interrogadores, ruidos de la logia, eco sorprendente de su propia voz), el gusto (búsqueda de su saliva y copa de amargura) y la vista (reconstitución por la imaginación del espacio-tiempo).
 
Primer “útil” masónico propuesto al candidato, la venda, no es un accesorio fútil o anacrónico. Es el primer símbolo del trabajo sobre sí mismo. Imaginemos la inversión del sistema  si se propusiera escuchar al candidato con los ojos abiertos, pero por una logia de misteriosos encapuchados. Se puede ver la diferencia entre una sociedad secreta y una sociedad discreta en el hecho de que la logia es un lugar de claridad aunque que el candidato se halle en tinieblas.
 
El verdadero sentido del viaje, dijo Charles Péguy, “no es el de descubrir otros paisajes sino mas bien de mirarlos con ojos diferentes”. Pero lo aparente no excluye lo encubierto. Los hombres siempre lo han percibido. Y los mejores de entre ellos - y los más sabios - comprenden que el acto  de ver no se reduce solamente a abrir los ojos, sino que nos obliga a veces a cerrarlos, a fin de contemplar el ser que somos. De allí nacen dos lenguas diferentes: la de lo “visible” y la  de lo “invisible”: la de los objetos exteriores y sus signos y la del sujeto interior y sus símbolos; aquella de las colectividades y esta de las comunidades; aquella de la educación y esta de la iniciación.
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Para consultar el archivo de trabajos (en francés) del blog Propos maconniques, el enlace siguiente:

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