domingo, 26 de agosto de 2012

Los Hell-Fire Clubs del siglo XVIII y la Francmasonería. Parte II.


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Próxima entrada de La Imprenta de Benjamín, el jueves 6 de septiembre.
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La Imprenta de Benjamín ha recibido una gran cantidad de visitas motivadas por el artículo del Hell-Fire Club, y su relación con la masonería de las primeras épocas de los Modernos.
Para completar ese primer artículo, se presenta ahora el extracto de un libro de Daniel Willens, titulado justamente “The Hell-Fire Club: Sexo, política y religión en la Inglaterra del siglo XVIII”, con mas precisiones acerca de la vida y obra del fundador del Hell- Fire Club, en su segunda época, Sir Francis Dashwood, uno de los Modernos, donde propone en una interpretación algo diferente, que el Hell-Fire bien pudo haber sido la contracara de grupos de francmasones jacobitas.

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Extractado de:
THE HELL-FIRE CLUB
Sex, Politics, and Religion in Eighteenth-Century England
by Daniel Willens
GNOSIS Magazine, SUMMER 1992
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“ Dadme un grano de verdad,  lo mezclaré con una gran masa de falsedad, y ningún químico será capaz de separarlas”. John Wilkes.

En las noches iluminadas por la luna, en Inglaterra, durante el reinado del Rey George III, miembros del gobierno de Su Majestad, inmensamente poderosos, importantes intelectuales e influyentes artistas podían en ocasiones ser vistos viajando a través del rio Támesis en góndola, hasta una arruinada abadía cercana a West Wycombe.
Allí, al sonoro toque de una desacralizada campana, se vestían con túnicas monacales para después entregarse a toda clase de depravaciones, culminando en una misa negra celebrada sobre el cuerpo desnudo de una libertina mujer de la nobleza, todo presidido por el muy notorio francmasón Sir Francis Dashwood. Una vez concluida la diabólica devoción, el círculo interior debía retornar para seguir trazando el rumbo del Imperio Británico.
La abadía

Esta “sociedad non sancta”, se llamaba a sí misma, en un adecuado estilo gótico,  Los frailes de San Francisco de Medmenham”, aunque han quedado inmortalizados por el epíteto popular de “ The Hell-Fire Club”. ( Club del fuego infernal).
Por esos tiempos chismosos, se despertó una gran especulación acerca de las actividades infernales de la sociedad, y en 1765, Charles Johnstone publicó una novela titulada Chrysal or the adventures of a Guinea (Crisálida, o las aventuras de una Guinea) y fue creencia popular que en ella se revelaban los secretos de los “Monjes de Medmenham”.
Desafortunadamente para aquellos cuyas preferencias lascivas se temperan con una dosis de erudición crítica, el Hell Fire Club no estaba a la altura de su reputación.
Muchos de los escritores contemporáneos que aluden a “San Francisco” y su “Hermandad” en la Abadía de Menmenham tenían, no una pluma sino un hacha para demoler y los Monjes quedaron tan en secreto que algunos historiadores modernos han concluido en que la mayor parte del relato es mera ficción (1)

Pero, quizás ahora, dos siglos mas tarde, podamos intentar situar al Hell- Fire Club contra el trasfondo de su época, penetrando tentativamente en las enigmáticas características de su sumo sacerdote putativo, Sir Francis Dashwood, Baron Le Despencer.

Los precursores

Aunque los Monjes de Medmenham son la banda mas famosa dignificada con ese apelativo, ciertamente no eran el Hell- Fire Club original. La primera mitad del siglo vio el establecimiento de varios círculos de libertinos a través de las Islas Británicas, y muchas de sus actividades han sido atribuidas al grupo de Dashwood.(2)

Para nuestro propósito, servirá saber que el precursor mas importante es el Hell- Fire Club que fundó hacia 1719, en Londres, Philip, Duque de Wharton ( 1698-1731) (3)
Wharton fue un eminente político whig, francmasón y ateo que creía poner en ridículo a la religión presidiendo públicamente fiestas con tramas “ satánicas”. Tales reuniones frecuentemente tenían lugar en la taberna cercana a St. James Square, donde una academia de equitación era obligada a prestar sus servicios en esos días para que pudieran asistir damas de buena reputación de las que no podía esperarse, que por decencia, fuesen vistas en una taberna pública.

De los miembros femeninos, hay uno en particular que sobresale: Lady Mary Wortley Montagu, aristócrata inglesa,  amante de Wharton y notable figura por derecho. Lady Mary era una tenaz individualista que no se contentaba con la vida rutinaria de una mujer casada. Viajó intensivamente por el continente sin escolta y se rumoraba que se había infiltrado en el harem del sultán de Constantinopla para descubrir el secreto de la vacuna contra la viruela (4)
El destino final del grupo de Wharton es interesante. En 1720, el Parlamento promulgó el South Sea Bill ( Edicto del Mar del Sur), dudosa pieza de legislación que permitía a la South Sea Company asumir la deuda nacional total con cargo a su propio beneficio. Este bizarro intento de privatización resultó en un desastre financiero a corto plazo.
Miles de personas perdieron su fortuna, incluyendo al Duque de Wharton;este, que se había opuesto al esquema desde el comienzo, pronto se halló a la cabeza de una vacilante coalición opositora de algunos whigs disidentes y tories, que se unificaron solo por su afán de oponerse al gobierno que encabezaba Lord Sunderland.
Con ese dudoso respaldo, Wharton y sus “Grumbletonian “whigs, ( quejosos) se convirtieron en una fuerza política a tener en cuenta (5).
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La mayoría whig desató un contraataque brillante. Para distraer la atención pública del asunto South Sea Bubble ( Burbuja Mar del Sur) y minar la credibilidad política de Wharton, Sunderland y Sir Robert Walpole denunciaron las actividades del Hell- Fire Club de Wharton ante el Parlamento. Esos cargos de inmoralidad escandalizaron por igual a los conservadores tories y a los moderados whigs que rompieron su alianza y terminaron con el poder de Wharton.

El Hell- Fire Club fue disuelto y Wharton pasó a convertirse en el Gran Maestre de los Masones de la Gran Logia de Londres en 1722. Durante la ceremonia de instalación, la orquesta interpretó “ Dejad que el Rey disfrute nuevamente de su propiedad ”, un tema jacobita. Esto equivalía a una peligrosa declaración de pertenencia política.
 El duque de Wharton
Los jacobitas favorecían al reclamo por el trono británico de la Casa católica de los Estuardo, por sobre la protestante pero muy germana casa de los Hanover.
Había muchas razones por las que se podía apoyar la causa jacobita, desde las simpatías católicas y un sentido místico de la realeza hasta la xenofobia y la aversión por el carácter del Hanoveriano rey George I( quien reinó desde 1714 a 1727), un arrogante “extranjero” que jamás se molestó en aprender inglés).
Sean cuales fueren las motivaciones de Wharton, el quedó inmerso en la causa jacobita, galardonado con la Estrella y la Jarretera por el Pretendiente, Jacobo Estuardo y murió en la indigencia a la edad de treinta y dos años.
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Nota del T.
Puede leerse un trabajo mucho mas completo de las andanzas del Duque de Wharton en el artículo publicado en el blog Masonería Siglo XXI. Wharton, una mitomanía masónica. (http://www.victorguerra.net/2011/07/duque-de-warthon-una-mitomania-masonica_07.html)
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Los libertinos

Francis Dashwood nació en 1708 en un ilustre linaje de “Turkey merchants” o sea de los que comerciaban con el imperio otomano (6) que había ido ascendiendo en los rangos de la aristocracia por una combinación de trabajo duro, habilidad política y estrategias matrimoniales.  Su madre murió cuando contaba con dos años de edad y pronto fue internado en Eton para ser educado. Al enterarse de la muerte de su padre, en 1724, se encerró a si mismo en una bodega para emborracharse durante una semana.

En 1726, el joven libertino dejó Inglaterra para un viaje por el continente. Para crédito de Dashwood, debe decirse que este viaje estaba inspirado por mucho más que la admiración por el vino fino y las cortesanas.
Mientras residió en Florencia, trabó relación con el Abate católico jacobita y francmasón Nicolini, quien le recibió en la logia inglesa que funcionaba en ese lugar.
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Nota del T. En la Imprenta de Benjamín del 10 febrero 2011  se publicó un artículo relacionado. ((http://masonerialaimprentadebenjamin.blogspot.com.ar/2011/02/1737-intriga-y-espionaje-en-florencia.html)
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Cuando el Conde de Middlesex llegó a ser el Maestro de esa logia, unos años mas tarde, se acuñó una medalla para conmemorar ese evento.
Tenía una imagen del dios egipcio Harpócrates, símbolo del eón nuevamente nacido, un niño cuyo dedo toca los labios como exhortando silencio (7)
Durante este viaje, Dashwood quedó enamorado del arte clásico y la arquitectura y a su retoro a Inglaterra fundó la Society of Dilettante. Este grupo de convivencia se reunía para discutir entre cenas y vino acerca de los clásicos, alentando el crecimiento del estilo Palladio de arquitectura británica, y además patrocinando una expedición arqueológica al Asia menor
A su retorno, no permaneció largo tiempo en Inglaterra. Después de la fundación de la Sociedad, partió con George, Lord Forbes a San Petesburgo, donde supuestamente habría seducido a la emperatriz Ana de Rusia caracterizado como el Rey Carlos XII de Suecia ( quien realmente ya había fallecido para ese momento) (8)
A finales de los 1730s, Dashwood viajó a través de Grecia y Asia menor, encontrando en su camino a John Montagu, Conde de Sándwich.
Los dos hombres compartían un interés por el esoterismo del oriente, que les llevó a fundar el “Divan Club”, otro grupo de convivencia dedicado a imitar las costumbres turcas. (9).
Para 1739, Dashwood, ya estaba en la parte final del viaje de regreso. En su camino, se detuvo en Florencia para ver al Abate Nicolini, y fue allí que se encontró con Lady Mary Wortley Montagu, la amante del último Duque de Wharton, quien con el tiempo se uniría a Dashwood y Montagu en el Divan Club y la tradición sugiere que ella fue una devota de la Abadía Medmenham. (10)
En Italia estaban sucediendo hechos nada favorables a la Francmasonería. El papa Clemente XII había emitido recientemente la bula In Eminenti Apotalatus Specula, enviando a la Inquisición contra las logias ( 11).
El pontífice falleció hacia 1740 y Dashwood pudo entrar a Roma cuando se realizó el cónclave para elegir un nuevo papa.
Allí asumió en broma la identidad de Cardenal Ottiboni, uno de los jefes de la persecución a los masones y lo ridiculizó públicamente en un simulacro de ritual en mofa.(12)
La siguiente broma de Dashwood tuvo consecuencias mucho mas graves, y contribuyó en mucho a su infame reputación.
Existía la costumbre de que los penitentes se flagelasen los viernes santos en la Capilla Sextina. Ya sea que se inspirara en el erotismo de la escena o la furia por la persecución de sus hermanos masones, Dashwood, animado por la bebida, probó la fe de los devotos azotándolos con su fusta de caballo inglesa. (13).
Como puede imaginarse esto causó no poco revuelo y sin duda que convenció a los penitentes de la realidad del demonio.
Sir Francis Dashwood

Existe una tradición de este incidente que afirma que el instigador, por esto, sufrió una conversión.
En efecto, según el escritor Daniel P. Manis, quien no cita fuentes, Dashwood se retiró a sus aposentos en un estado de ebriedad y estupor quedándose dormido. Fue despertado al amanecer por un ser inhumano del que observó los ojos verdes brillando en la oscuridad a través de la ventana.
Convencido de haber sido visitado por un demonio del infierno, repentinamente arrepentido de su sacrilegio, abrazó la la fe católica.
Comenzó a asistir regularmente a misa y sin desprenderse jamás de un rosario. Ese comportamiento antinatural continuó hasta que sus compañeros de viaje, enterados de su visión, le explicaron a Dashwood que lo que había visto no era sino un par de gatos en celo copulando cerca de su ventana. Esto le llevó a una des-conversión que galvanizó en Dashwood su anticatolicismo y lo colocó en el camino del satanismo (14)

Aunque reconsideráramos la verdad de esta historia, lo que está claro es que aunque no flirteaba con al catolicismo, sí lo hacía con la causa jacobita, como lo había hecho el propio Wharton.
Fue presentado al príncipe Carlos Eduardo Estuardo, “Bonnie”, que mantenía entonces su corte en Roma,
Para desgracia de los aficionados a las conspiraciones, Dashwood se perdió de reunirse con el tutor del príncipe, el caballero Andrew Michael Ramsay, un francmasón católico y padrino del Rito Escocés.
En esa época Ramsay estaba en París, promulgando su creencia en que la francmasonería descendía de las ordenes de caballeros cruzados y del que la Casa de Estuardo era su legítimo campeón.(16)
Dashwood quedó favorablemente impresionado con el joven Pretendiente, de quien se rumoreaba que era el misterioso Caballero de la Pluma Roja, el “Superior Desconocido” de la Orden Masónica del Temple (17)

Cuando Dashwood, finalmente regresó a Inglaterra, en 1741, su tio, el Conde de Westmoreland lo persuadió de ingresar a la política., pero Dashwood hallaba que la política inglesa era muy sombría, el electorado estaba retraído y la corrupción en avance.
Sir Robert Walpole, ahora “ primer ministro” del rey George II ( que había sucedido a George I en 1727), había capeado el escándalo South Sea con aplomo y usaba el soborno y las relaciones para montarse en una posición de poder incuestionable y forjar ese oficio de primer ministro.
Entretanto el rey estaba felizmente financiando sus ejércitos alemanes con impuestos británicos  ( aún retenía sus dominios familiares en Hanover), enredos extranjeros que desembocarían en la Guerra de los Siete Años ( 1756-63).
Dashwood, descubrió en ese tiempo que la ley de brujería se había derogado en 1736.

Según el libro Nocturnal Revels, publicado en 1779, Dashwood había realizado un extenso viaje tomando contacto con seminarios religiosos y “ encontrando que había una directa contradicción con la Nauraleza y la Razón, a su regreso a Inglaterra, (el) pensó que una sociedad burlesca con el nombre de St. Francis podía destacar lo absurdo de aquellas instituciones y que en lugar de austeridades y abstinencias que practicaban, podían ser sustituidas por cordial alegria, hilaridad sin freno y felicidad social.”
Los Hell-Fire Clubs

La tradición afirma que el Hell-Fire Club original se reunía en Londres en la taberna George and Vulture (19).
Es posible que Dashwood  y sus amigos también se reunieran en un lugar público para disfrutar de la libertad ahora implícitamente garantizada a las brujas, resucitando el Hell-Fire de Wharton en un espíritu de burla.

Por otra parte, en los principios del siglo 18, las tabernas eran los lugares de reunión de las logias masónicas, así que es muy posible que el naciente Hell-Fire Club de Wharton de libertinos no fuera sino una camarilla de masones jacobitas, o puede que haya sido ambas cosas.

En 1750, Dashwood alquiló la Abadía Medmenham y procedió a su “restauración” durante el año siguiente.
La “Restauración” sin embargo puede que fuese un juego equivoco de palabras en un contexto político.
La abadía original databa del siglo 13, y se había agregado a otra del período Tudor. Dashwood le adicionó una ruinosa torre y un claustro para aparentar una atmósfera gótica.
Sobre la entrada ( deliberadamente) crujiente se habían emblasonado las palabras del filósofo satírico del siglo 16, Francois Rabelais ( Fay ce que voudras” ( haz lo que desees).
Esta locura se convirtió en el nuevo asiento del club de Dashwood, y sus eruditos familiarizados con la “Abadía de Telema” de Gargantúa y Pantagruel (20)
De la biblioteca de la abadía, se decía que contenía una envidiable colección de  libros e imágenes de erotismo, aunque los únicos volúmenes de que se sabe, eran una Biblia en Latín publicada en 1714, una hagiografía y una copia de la Conjetura Cabalística. Las paredes de un salón estaban decoradas con retratos de los reyes ingleses; los ojos de Enrique VIII, pegados con papel. El buen Harpócrates, dedos a los labios, presidía sobre el refectorio (21).
La “sala capitular” sería la clave para comprender las actividades de estos “ monjes”. No conocemos de su amoblamiento y por tanto su uso sigue en el misterio. Autores sensacionalistas suponen que era un santuario satánico aunque parece mas razonable concluir es que se empleara para ceremonias masónicas.

John Wilkes, uno de los mas importantes miembros del círculo de Medmenham, y que solo se convirtió en francmasón después que abandonó el grupo, difama en un artículo a sus antiguos amigos:
“ Ningún ojo profano ha penetrado a los misterios Eleusinos ingleses de la sala capitular, donde los monjes se reunían en todas las ocasiones solemnes, los ritos mas secretos se llevaban a cabo y se derramaban libaciones en honor a Bona Dea”.(22)

El escritor Michael Howard ha interpretado esa mención de Bona Dea ( o La Diosa de la bondad”) para significar que Dashwood practicaba ritos druídicos, y que por eso fue expulsado del grupo que en el siglo 18 había revivido a los druidas: An Uileach Druich Braithreachas, en 1743 ( 23) (grupo fundado por John Toland en el mismo año de 1717).
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Nota del T. John Toland, el autor del Panteisticon, apodado el Primer Librepensador, fundó en Holanda un “ club” llamado de “ Los Caballeros del Júbilo”, que igualmente fue tachado de libertino.
¿Sería a esta clase de libertinos a que se refería el pastor Anderson en su famoso cargo de las Constituciones de 1723: “… y si entiende bien el Arte, no será jamás un ateo estúpido ni un libertino irreligioso…”?
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Horacio, hijo de Sir Robert Walpole, uno de los enemigos de Dashwood y ciertamente un extraño de la abadía, se mofaba: “ Cualquiera sean sus doctrinas, la práctica es totalmente pagana: Baco y Venus, las deidades a quien sacrificaban públicamente; y las “ninfas” y las barricas que quedaban luego de los festivales de esta nueva iglesia, informaban suficientemente a sus vecinos de la tez de estos ermitaños. (24)
Por otra parte, la única actividad  que los profanos observaban realmente, eran los viajes ocasionales en bote por el Támesis (25)
No queda registro de miembros de los Monjes de Medmenham, si es que lo hubo(26),
pero los nombres mas confiablemente asociados al grupo incluyen al hermano de Dashwood, John Dashwood-King; John Montagu, Conde de Sándwich; John Wilkes; George Buba Dodington, Baron de Melcombe; Paul Whitehead, y un grupo de la nobleza menor local y profesionales, además de la mención del Caballero d´Eon, y el propio Benjamín Franklin.
Difícilmente fuera la “Cámara del Hell-Fire” ( fuego infernal) de la leyenda popular, sino un grupo de gentes lo suficientemente expuestos a la mirada pública como para crear el escándalo.
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Continúa.

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