domingo, 20 de abril de 2014

Francia, siglo XVIII: Princesas de la Sangre, hermanas en la masonería de Adopción. (IV y último).

es continuación...
Sello de la Logia La Candeur



La Duquesa de Chartres fue la tercer princesa de la sangre en ligar su prominente nombre a la francmasonería.
Louise-Marie- Adelaide de Bourbon Penthiévre era la hija del Duque de Penthièvre y de Marie- Therese-Felicité d´Est y hermana de la Princesa de Lamballe. Ella casó con el Duque de Chartres en abril de 1769 a la edad de dieciséis años, y se convirtió en Duquesa de Orleans en  1785 a la muerte del Duque de Orleans, padre del Duque de Chartres.

La Duquesa de Chartres llegó a ser un francmasón en 1777. En ciertas áreas, rspecíficamente su deseo de una cercana amistad con otras mujeres y su devoción a la caridad, tienen mucho en común  con su cuñada, la Duquesa de Bourbon y la Princesa de Lamballe; y en aquellas dos áreas ciertamente que derivaron un gran beneficio por su asociación masónica.
Si la Duquesa de Bourbon y la Princesa de Lamballe estaban dedicadas a tareas de caridad, la Duquesa de Chartres puede ser descripta como obsesionada por ayudar a los menos afortunados. Había comisionado a su peluquero, M. Regnol para encontrar familias indigentes. Mientras arreglaba su tocado cada día, le informaba sobre los pobres que iba encontrando la noche antes y tomaba sumas apropiadas para repartirlas entre ellas. (29)
Ella realizaba viajes alrededor de su lugar de residencia y por el país para encontrar a los viejos, huérfanos y familias numerosas.  Y siguió la misma práctica cuando viajaba a otras ciudades de provincia y aun a países extranjeros. (30).
Era especialmente sensible a las necesidades de las mujeres pobres. Cuando en una ocasión un borracho le pidió asistencia, ella descendió del carruaje pero ignorándolo ordeno a sus sirvientes averiguar la condición de la esposa e hijos del hombre. Cuando le informaron que la familia estaba en la mayor necesidad, envió dinero directamente a la familia del bebedor.(31)
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28.Fortaire, p. 159, and Mme. Guénard, Mémoires historiques de Marie-Thérèse-Louise de Carignan, Princesse de Lamballe, 4 vols. (Paris: Lerouge, 1801) 3:26.
29.E. Delille, Journal de la vie de SAS Madame la D.sse d’Orleans, Douairière(Paris: Blaise, 1822), p. 17.
30.Ibid., pp. 20 and 35-6
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En tiempos de gran hambruna, pudo ser de gran ayuda: durante cuatro meses del invierno de 1788, desastroso para la agricultura, la duquesa distribuyó más de 250 cargas de madera, 6500 libras de alimentos y 36000 libras de pan (32). El deseo de aliviar el sufrimiento humano de toda clases era fundamental a su carácter. Aún la Revolución no pudo con su entusiasmo caritativo; la generosidad continuó. Cuando fue arrestada y encerrada en 1793 y la riqueza de los Borbones secuestrada, se consolaba con el pensamiento de que todavía le quedaba “alguna riqueza para compartir con el pobre”(33).

Cuando el levantamiento en masa de ese año, los soldados que requisaban pasaron cerca de la residencia de la duquesa un cálido dia y se detuvieron a beber agua de una fuente, la duquesa se preocupaba de que los jóvenes bebieran agua caliente en semejante día, así que les envió vino procurando una botella para cada uno.(34).
En los últimos años de su vida, la duquesa gastó enormes cantidades en caridad. Uno de los residentes de EU, escribió en 1818 que durante una visita a la duquesa, “cada momento estaba marcado por innumerables amabilidades; la mas abundante caridad  se derramaba en el corazón de todas las familias indigentes”.(35)

El amor por sus amigos íntimos fue otro rasgo a lo largo de su vida del carácter de la Duquesa de Chartres. Su secretario personal, E. Delille, escribió una tocante historia acerca de un amigo de la infancia, Mme. De Montigny, quien permaneció como su alma gemela a través de sus vidas. Cuando la Duquesa de Chartres dio a luz una bebé obtuvo permiso del Rey para llamarle Eugene, como su amiga de la infancia, una promesa que había hecho a Mme.De Montigny durante sus años escolares.(36).
Muchos años después, ya en el final de sus vidas, Mme. De Montigny, entonces Baronesa de Talleyrand fue generosamente recordada en el testamento de la duquesa.
Esctibe la Duquesa: “ en consideración de la inviolable relación que ha existido entre ella y yo desde nuestra infancia”: Ella le legaba a su amiga una propiedad en Ivry, un diamante de veinte mil francos, una renta vitalicia de doce mil francos, una renta de seis mil francos para su hijo mayor, tres mil francos para su segundo hijo y otros tres mil para su tercer hijo.(37).

La Reina de Nápoles, la Condesa de Ecqueville y la Condesa de Nord eran mujeres cuya amistad llegó a ser muy importante para la duquesa en varios momentos de su vida. Las dos primeras eran activas francmasones. La Duquesa de Chartres también se sentía muy cercana a su cuñada, la Duquesa de Bourbon y a la princesa de Lamballe. Disfrutaba de su compañía y en ocasiones realizaban viajes juntas dispensando caridad a lo largo de la ruta. Cuando una tenía un problema, las otras dos viajaban cualquier distancia para consolarla. La Duquesa de Chartres parece haber implorado tal acompañamiento y la amistad en teoría también era de su interés.
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31.Vie secrete de Louise-Marie-Adelaide de Bourbon Penthièvre, Duchesse d’Orléans, avec ses correspondances politiques (London: Werland, 1790), p. 82.
32.DeLille, p. 48-9.
33.Ibid., p. 61
34.Ibid.
35.Ibid., p.180
36.Ibid., p. 37-8
37.“1er Testament de Son Altesse Sérénissime Madame la Duchesse Douairière d’Orléans” (6 Juin 1821), Collection of the House of Orléans 300 AP I 800, A.N.
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Debe de haber pensado  en ese tema con frecuencia pues en la cara interior de un periodic l duquesa pegó hacia 1790 pequeños recortes, uno de los cuales se refería a la amistad. Había sido cuidadosamente copiado y marcado los pasajes de algún sentido particular para ella.(38)a ella.
La caridad y la amistad fueron entonces los dos pilares de la francmasonería de mujeres que la Duquesa de Chartres pudo haber encontrado atractivos. No era una mística como la Duquesa de Bourbon o una defensora de las Luces como la princesa de Lamballe. Era intensamente religiosa, devota católica y lo fue toda su vida. Estaba familiarizada con los filósofos y con los líderes místicos, pero su guía le llegaba de los sacerdotes, obispos y arzobispos. No era una demócrata en política ni una desadaptada en la Corte. La Duquesa de Chartres sin embargo tuvo en su vida una variante que su cuñada no disfrutó, un matrimonio relativamente feliz desde los 1770 a los 1780s y su atracción por la francmasonería vino primariamente desde esa dirección.

En el anónimo titulado Vida secreta de Louise- Marie-Adelaide de Bourbon Penthièvre, Duquesa de Orleans, el autor escribe que “ su marido era un dios para ella. Cuando llegaba, su alma  consumida en una melancolía enfermiza  se llenaba de sentimientos de alegría y placer”.(39) Había amado al Duque desde el primer momento en que se encontraron. El Baron de Besenval escribió: por años, después del casamiento, la duquesa cerró los ojos a las fallas de su esposo, tan obvias para el resto de la Corte. Aún el Rey había prevenido al padre, el Duque de Penthiévre de la mala reputación del Duque de Chartres (41) .
Como muchos hombres de la Corte, el Duque de Chartres tuvo numerosos “affairs”, de los cuales solo dos llamaron la atención de su esposa. Sin embargo el daño fue muy profundo. Uno fue con Mme. De Genlis, la gobernanta de su hijo y el otro con Mme. de Buffon, esposa de Georges-Louis –Marie Leclerc de Buffon.

En parte esas infidelidades llevaron a la separación del Duque y la Duquesa de Chartres, entonces de Orleans, en 1791. Antes de que la Duquesa de Chartres descubriera las infidelidades de su marido, era sin embargo la perfecta madre y esposa y en apariencia totalmente feliz con su vida marital. El ingreso a la francmasonería fue, y probablemente el mismo de muchas mujeres de Francia, debido a que su esposo así lo deseaba.
Én su caso, su marido había sido Gran Maestro de la francmasonería francesa por muchos años y las logias de adopción se habían convertido en parte importante de la estructura. Su insistencia en que su esposa llegara a ser un masón es significativa.
A pesar de que los historiadores masónicos han retratado a las logias de adopción como sociedades creadas para apaciguar mujeres furiosas, un juguete arrojado a las mujeres por los hermanos a que ellas acosaban, y si en los primeros años esto pudo tener algo de cierto, no es en absoluto la historia completa.
Para los 1770s y 1780s, las logias de adopción se habían convertido en organizaciones sociales significativas, ilustradas por el hecho que el hombre más poderoso de la francmasonería de Francia, el Duque de Chartres, insistió en que su esposa se uniera a la organización. La secretaria privada de la Duquesa de Chartres escribió que el Duque deseaba que la Duquesa fuera recibida en la francmasonería…
Aunque esta ceremonia no era de su gusto, la princesa siempre prefirió agradar y obedecer a su esposo, y rápidamente dio su consentimiento.(42). En cuanto se unió, puede inferirse que la duquesa encontró atractiva la amistad y los conceptos de caridad fundamentales de una parte de la masonería, pero ante todo había sido la voluntad de su marido lo que le había llevado a esta organización.
Sea cual fuere su motivación, las mujeres que se unían a las logias masónicas de adopción comenzaron a desarrollar, detrás de las puertas cerradas, el sentido de una acción propia. Un estudio de la evolución de los rituales de grado, muestra un lento pero constante cambio en el énfasis de los símbolos y del poder de la mujer.

Donde hasta ese momento las mujeres “ayudaban” a los hombres, ahora comenzaban a presidir la ceremonia y jugar una gran parte de los roles en ella, según el ritual de 1775.
Para 1779, los rituales realmente eran conducidos por las hermanas Inspectoras, Tesorera e Introductoras; los hermanos las “ayudaban” ahora. Los altos grados que se agregaron a los originales cuatro manifiestan dramáticamente este crecimiento. En los grados de Sublime Escocesa  y de Amazonería inglesa, el ritual está centrado en las mujeres en sí mismas; mujeres son las figuras centrales y sus juramentos son decididamente feministas.
Hay evidencias de que las mujeres, si no escribieron realmente los rituales de los primeros cuatro grados, comenzaron a influenciar el lenguaje y el simbolismo.
Obligaron a los hermanos de la Logia de las Nueve hermanas a retractarse de un nuevo ritual que los hermanos habían escrito para la iniciación de su logia de adopción; y lo mas probable es que cuando el editor del libro de los rituales standard de la logia de adopción, cambió la descripción simbólica del arca de Noé de cuatro pisos a tres, dejando el tercero para los animales domésticos, ellas le hayan forzado a agregar uno más.

El ejemplo de las tres princesas y la lista de las logias de adopción, muestran que no prevalecía ningún esquema de membresía. Las mujeres que se unieron, así como los hombres que las apadrinaban, eran individuos con sus propias razones para afiliarse. Su estatus noble, sus historias personales de vida, su deseo de ser parte de una atractiva sociedad secreta, fueron factores que influyeron en sus decisión de unirse.
El atractivo de la organización era muy fuerte al punto de reunir a residentes provinciales y esposas de militares con necesidad de un centro de socialización, miembros de la nobleza de toga en busca de un medio de incrementar su poder y una nobleza de corte atraída por las actividades de caridad, o sea  la filosofía de las Luces y la emoción de una sociedad secreta.
Pero, sin embargo, en cuanto formaban parte de la nueva organización, sus experiencias eran similares. Se moldeaban por una poderosa serie de rituales dentro de una comunidad de amigos; y dentro de la fortaleza de tal comunidad, fueron adquiriendo un creciente poder y un floreciente sentido del feminismo.
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42.  DeLille, p. 24
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Fin.

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